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Santiago y la región central de Chile


SANTIAGO, VIÑA DEL MAR Y VALPARAÍSO
LA REGIÓN CENTRAL DE CHILE Y LA RUTA DE LOS VINOS

Tanta diversidad la convierte en un destino con atractivos para todos los gustos y en una invitación a participar en excitantes aventuras: ascenso a montañas que están entre las más altas del mundo, kayaking o rafting por los ríos cordilleranos, cabalgatas, mountainbike, campings, más las cientos de caminatas y excursiones que se pueden realizar en una región cuyo clima es agradable durante la mayor parte del año. A grandes rasgos la zona central se puede dividir en costa, valle y cordillera, cada una con sus propios encantos.

LA COSTA

De La Serena al sur una cadena de atractivos balnearios invitan a tomar sol y disfrutar de una gastronomía centrada en los mariscos. Hay extensas playas de arena blanca y mar calmo donde bucear, marinas, canchas de tenis, hoteles y restaurantes. Asimismo existen cómodos sitios de camping con buenas instalaciones para quienes buscan un contacto directo con la naturaleza y con los cielos estrellados de la región.

Destaca también el Parque Nacional Fray Jorge que sorprende con un paisaje ajeno al lugar: un frondoso bosque de canelos, olivillos y helechos en la cima del cerro gracias al microclima que provoca la condensación de la neblina costera. En los 130 kilómetros del litoral central hay más de 20 balnearios de tradición como Papudo, Zapallar y Cachagua. En todos ellos, se pueden practicar los deportes náuticos.

Su cercanía con Santiago, unos 90 minutos, ha convertido a Viña del Mar, "Ciudad Jardín" en destino ideal para los fines de semana, e incluso el gobierno de Chile tienen allí, en el cerro Castillo, una residencia de descanso para los presidentes. Excelentes hoteles, buenas tiendas, cuidados jardines y parques, playas, encantadores paseos en "Victoria" (coches tirados por caballos) y cenas a orillas del mar se suman a antiguas casonas y modernos edificios en una atmósfera refinada y culta que, junto a las comodidades de una ciudad, proyectan a Viña del Mar como el centro turístico de más alto nivel de las costas del Pacífico sudamericano y visita obligada en cualquier recorrido por Chile.

Por su parte Valparaíso es uno de los puertos más carismáticos, un lugar que despierta amor a primera vista por su originalidad y espontánea belleza. Tanto así que UNESCO estudia la posibilidad de declararlo Patrimonio Cultural de la Humanidad al igual que Cuzco, Cartagena de Indias o Salvador de Bahía.

Con la espalda pegada a los cerros y los ojos puestos en el mar, el principal puerto de Chile exige una visita. Edificado sobre lomas, el laberinto de sus calles sigue el capricho de los cerros y los viste de callejones, escaleras, recovecos y paseos- terrazas que miran el mar. Sus casas quedan repartidas por los cerros y entre ellas suben y bajan ascensores (funiculares) que llevan un siglo transportando gente por las pendientes y desde donde se puede tener una vista panorámica de la bahía. También vale la pena recorrer el centro con su aire británico, legado de los inmigrantes ingleses de fines del 1800, pasear por el muelle Prat para observar la actividad portuaria, navegar en lancha, comer en los restaurantes del puerto junto a marineros venidos de las cuatro esquinas del mundo, e ir a "La Sebastiana", una de las casas de Pablo Neruda (hoy museo).

Después de Valparaíso siguen varios balnearios hacia el sur, entre ellos Isla Negra, donde se puede visitar la más famosa de las casas de Pablo Neruda con su colección de mascarones de proa y mil objetos curiosos. Termina este recorrido costero en Concepción, situada en la desembocadura del Bío Bío, uno de los ríos más caudalosos de Chile. Pujante, activa y moderna, de gran crecimiento económico y demográfico, es la segunda ciudad del país en población, con todos los atractivos y adelantos de una gran urbe, complementados por un entorno de lagunas, bosques y playas.

EL VALLE

Esta es la zona del folclore y de la gastronomía más típicos de Chile y de ese paisaje de campo sombreado por higueras, sauces y aromos a la orilla del camino. De aquí son los parrones y las hileras de álamos separando los potreros, los huasos y el rodeo en la medialuna. De aquí la cueca y la tonada, y las casas con techos de tejas y corredores abiertos adornados con jazmines, camelias y flor de la pluma. De este suelo nacen el vino y las frutas más gustosas, el aroma del albahaca y el cilantro, el pan amasado, las empanadas en horno de barro, el pastel de choclo y las humitas.

En contraste con este paisaje sosegado está Santiago, la capital, con el bullicio de sus 5 millones de habitantes y el ajetreo de una ciudad dinámica y moderna pero que no ha perdido su identidad latinoamericana. Emplazada en un lugar de privilegio, a los pies de la cordillera de Los Andes y en el centro del país, es la puerta de entrada de casi todos los vuelos internacionales y el punto de partida de infinidad de paseos que se encuentran "a la vuelta de la esquina".

En invierno la nieve está al alcance de la mano y en menos de una hora se llega a los principales centros de esquí de Sudamérica, y un poco más de 100 kilómetros la separan de las playas del océano Pacífico. Numerosas plantaciones de viñas bordean la capital y muestran el proceso de fabricación del vino, y no lejos se encuentran haciendas de la época colonial, pintorescos pueblos rurales, termas y Parques Nacionales. Paseos a los que se agregan cabalgatas por la cordillera, picnics en el Santuario de la Naturaleza, trekking, rafting por el río Maipo, bungy o vuelos panorámicos en alas delta.

Vestido de modernidad, poco queda del Santiago del Nuevo Extremo fundado por Pedro de Valdivia en 1541 a los pies del cerro Huelén - hoy cerro Santa Lucía - y a orillas del río Mapocho. Limpio y más seguro que otras ciudades latinoamericanas, Santiago cuenta con hoteles de excelente categoría, centros comerciales, grandes malls y enormes supermercados, restaurantes especializados en cualquier tipo de cocina y todas las atracciones que se espera encontrar en una metrópoli.

Santiago es también una ciudad de contrastes porque pese al progreso no quiere desprenderse de sus tradiciones. Así, junto a edificios de vidrio y acero, a ejecutivos con computadoras portátiles y a un tren subterráneo - el Metro - de última generación, convive el folclore urbano de los músicos y vendedores callejeros, de los cantores en los buses, de organilleros y fotógrafos ambulantes con su clásico caballito de madera.

Para conocer Santiago, nada mejor que recorrer sus barrios. En el centro están los edificios más antiguos y solemnes, las sedes de las instituciones de mayor importancia, los museos y monumentos más destacados. Vale la pena dar una vuelta por la Plaza de Armas rodeada por la Catedral (s. XVIII) y edificios coloniales; pasar por La Moneda, la casa de gobierno, entrar al Museo de Arte Precolombino, uno de los mejores de América, e ir a la iglesia y convento de San Francisco (s. XVI), el conjunto arquitectónico más antiguo del país, cuyo claustro alberga al Museo de Arte Colonial y a un arbolado patio, verdadero remanso de paz en medio del trajín del centro.

El río Mapocho, orillado por el hermoso y romántico Parque Forestal, divide a la ciudad en dos, quedando al lado norte el cerro San Cristóbal con la imagen de la Virgen en la cumbre custodiando la ciudad. Convertido en Parque Metropolitano, el cerro cuenta con un pintoresco y antiguo funicular, zoológico, teleférico, piscinas y lugares de picnic. A los pies de este cerro se extiende el barrio Bellavista - el sector bohemio de Santiago - con numerosos restaurantes, cafés y talleres de artistas donde se trabaja y vende el lapislázuli, la famosa piedra azul de Chile, que se emplea en diversos artículos de orfebrería. Hacia el sector alto surgen los modernos barrios de Providencia y Las Condes, entre ellos están también el Pueblo de los Artesanos "Los Graneros del Alba", junto a la iglesia colonial de los Dominicos, imita un pueblo rural con calles de tierra, horno de barro y cientos de talleres y tiendas que venden artesanía de todos los rincones de Chile.

Siempre con la cordillera de los Andes como telón de fondo, y siguiendo hacia el sur, el campo comienza a vestirse de verde y estas tierras fértiles, las primeras reclamadas por los conquistadores españoles, muestran la abundancia de sus frutos. Modernos packings y frigoríficos frutales y camiones cargados con cajones de manzana o uvas dan testimonio de que la fruta es uno de los principales productos de exportación del país. Y lo mismo ocurre con el vino proveniente de los viñedos de los llanos del Maipo, del valle de Colchagua y los alrededores de las ciudades de San Fernando, Talca y Chillán. Cerca de Santiago, son muchas las viñas que se pueden recorrer, constituyendo un entretenido paseo por el día.

También ésta es la tierra de las antiguas haciendas con hermosas casas patronales de corredores y tejas y grandes parques proyectados por paisajistas europeos. Algunas siguen en manos de las familias de origen, en tanto otras se han convertido en museos, en dependencias de importantes viña o en exclusivos y refinados hoteles que conservan todo el encanto y la atmósfera de antaño.


LA CORDILLERA

La cordillera de los Andes acompaña todo el recorrido por Chile y vestida de blanco en el invierno es un espectáculo inolvidable. Entre las montañas esconde paisajes de maravilla: cañones esculpidos en la roca, glaciares, lagunas y ríos torrentosos. Caminos laterales se internan por los cajones cordilleranos dando acceso a infinitas aventuras y una buena cantidad de Reservas Naturales y Parques Nacionales velan para mantener su riqueza ecológica y ponerla al alcance del visitante. Sin embargo, es quizás la abundancia de nieve aprovechada por los centros de esquí lo que ha convertido a este tramo de la cordillera en uno de los destinos más valorados del turismo chileno.

A sólo una hora de Santiago Farellones - El Colorado son centros de esquí tradicionales y muy concurridos, con modernas instalaciones que incluyen cañones para fabricar nieve artificial Con varios refugios y en un ambiente universitario y juvenil, ofrecen pistas de diversos grados de dificultad, escuela de esquí para niños y adultos, andariveles, hoteles, cafés y restaurantes. Un poco más arriba, pero dentro de la misma área, La Parva cuenta con pistas de diversas pendientes, distintos largos y grados de dificultad, con excelentes servicios y equipamiento en un acogedor clima familiar complementado por la hermosa arquitectura de montaña de sus refugios y condominios. Aquí también se puede practicar heliski y snowboard, arrendar departamentos o cabañas.

Luego, y sólo a 14 kilómetros al interior de Farellones, está el centro de esquí más grande y moderno del país: Valle Nevado. Sus laderas, orientadas al sur, aseguran nieve durante toda la temporada. Sus espléndidas instalaciones ofrecen a los amantes del deporte-aventura heliski, helisurfing, ala delta, paseos en motonieve, snowboard y un nuevo Snowpark. Valle Nevado, junto con La Parva y El Colorado, conforman la superficie esquiable interconectada más grande del hemisferio sur.

A poco menos de 150 kilómetros de Santiago y con 50 años de existencia, Portillo se presenta como el decano de los centros invernales chilenos y como uno de los más famosos internacionalmente. Dispone de un espléndido hotel, a orillas de la espectacular Laguna del Inca, y en sus pistas se ha batido cuatro veces el récord mundial del Kilómetro Lanzado; además en 1966 fue sede del campeonato mundial de esquí.

Más al sur, a 480 kilómetros de Santiago, el centro invernal de las Termas de Chillán es uno de los lugares de esquí de mayor renombre en el cono sur que además tiene la característica de estar enclavado en un bosque de árboles milenarios. Con servicios de primer nivel, el pasajero puede combinar el deporte blanco con los baños termales. con piscina temperada, gimnasio, sauna, discoteca, bar, restaurante, y profesores especializados para enseñar esquí a niños y adultos. En este lugar se puede disfrutar de la actividad y el descanso a la par. Cuenta con dos hoteles, uno de 5 estrellas, y seis edificios de departamentos.




 

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