|
Los lagos con abundante
pesca de salmón y truchas de distintas especies atraen al visitante,
como también el encuentro con los hielos en la Laguna de San Rafael.
Los cruceros zarpan desde Puerto Montt y Puyuhuapi internándose
por los recovecos de los canales, atracando de repente en pintorescas
caletas e islotes, penetrando por las angosturas el Canal de Moraleda
y casi tocando las mil islas del Archipiélago de los Chonos. Así
hasta llegar a la Laguna de San Rafael y chocar con una inmensa pared
de hielo. El ventisquero se puede admirar desde cerca y la escena es inolvidable
para aquellos que ven cómo de esa gigantesca mole se desprenden
enormes trozos de hielo y al caer los escuchan retumbar en medio del silencio.
Los témpanos se desplazan por la laguna y el turista puede pasear
entre estos castillos helados que navegan a la deriva y muestran sólo
un décimo de su tamaño. Otra gran atracción de la Patagonia son sus termas. La aldea de Puyuhuapi no es sólo famosa por sus tejidos a telar de alfombras que conservan los diseños de tehuelches y huilliches, sino también por sus aguas termales. Allí el visitante puede sumergirse en las aguas calientes que surgen de lo mas profundo de la montaña y al instante nadar en las aguas frías del Seno Ventisquero que llegan al borde del centro termal. Una estadía en las termas de Puyuhuapi permite realizar paseos en bote, caminatas y largas horas de pesca deportiva. Cerca de ahí, al norte de Puerto Cisnes, en la ruta que corre entre Coyhaique y Puyuhaupi, el Parque Nacional Queulat revela la selva intocada. Tal como fuera toda la región antes de que los colonos, a fuerza de machete y fuego, abrieran claros para la siembra y los animales, dejando como testimonio un regadío de troncos calcinados. Ahí, más de 150 mil hectáreas de territorio virgen transportan al reino de la naturaleza intacta donde sólo se escucha el canto del chucao y de decenas de otros pájaros junto a la voz del río que brama desde un profundo cajón. Coigües, lengas y más de doscientas especies forestales autóctonas, enormes helechos y gigantescas nalcas forman un manto verde, húmedo y compacto, manchado por fucsias y la roja flor del notro. Desde el parque, también, se puede admirar el Ventisquero Colgante, un espectacular glaciar acompañado de cascadas producidas por los deshielos que caen desde una altura impresionante. El parque dispone de miradores, rutas para realizar las caminatas, cabañas, facilidades de camping y botes para salir a pescar. Toda la zona es el paraíso
de los pescadores de salmón y de truchas marrón, arco iris
y brook. Ríos como el Futalefú, el Baker - el más
caudaloso de Chile - y el Palena, entre otros, son ideales para la "pesca
seca". Aquí hay aguas puras, playas vírgenes y una
carga de peces que parecería de nunca acabar. En varios de estos
ríos de aguas cristalinas se ofrecen excursiones para bajar en
balsa, deteniéndose en campamentos a pasar la noche y reponer fuerzas
para seguir disfrutando de los rápidos. Desde Coyhaique - ciudad capital de la región, fundada en 1929, y que se ha desarrollado en torno a una curiosa plaza de cinco lados - el viajero puede visitar sitios realmente únicos en el mundo, donde la naturaleza se mantiene tal cual como fue creada. Es lo que encontrará en torno a lagos como el Elizalde, la Paloma, Castor y Pollux, circundados por verdes montañas y picachos nevados. Coyhaique también es el punto de partida para visitar otros poblados como Puerto Aisén - nombre que viene del inglés "ice end"- Puerto Cisnes, en la desembocadura de río Cisnes, de impresionantes aguas color esmeralda, Mañihuales o Balmaceda, donde está el aeropuerto circundado por una dorada pampa de coironales. Siguiendo hacia el sur por la Carretera Austral, la belleza del Lago General Carrera - el más profundo de Sudamérica y el séptimo más hondo del mundo - deja atónito al visitante al admirar sus aguas de color azul oscuro. El lago cruza la frontera con Argentina, recibiendo en el país transandino el nombre de lago Buenos Aires. En territorio chileno, en una de sus orillas se encuentra Puerto Tranquilo- que consiste en unas pocas casas y un embarcadero- desde donde salen las lanchas que llevan a la famosa Catedral de Mármol, una península con cuevas a ras de agua en las que penetran las embarcaciones y el pasajero navega entre paredes de mármol pulidas por el agua, una experiencia difícil de olvidar. A 400 kilómetros al norte de Punta Arenas y cruzando enormes estepas sopladas por el viento, se llega al Parque Nacional Torres del Paine (242 mil hectáreas) declarado reserva de la Biosfera por UNESCO. Movimientos telúricos ocurridos hace 12 millones de años esculpieron sus montañas, dándoles la forma de torres y cuernos. Son el imponente telón de fondo de un área de glaciares, lagunas, ríos y saltos de agua; el hábitat de zorros, pumas, guanacos, flamencos y ñandúes; de cóndores y aves migratorias como queltehues, pájaros carpinteros, bandurrias, gaviotas del Estrecho de Magallanes y golondrinas de rabadilla negra y blanca que llegan de los Estados Unidos. Este y otros parques nacionales cuentan con facilidades para el turismo tanto en hoteles de diferentes precios y categoría como en una amplia oferta de excursiones guiadas. Hacia el sur, acompañados por las mayores masas gélidas del Hemisferio Sur después de la Antártida, es posible tener la sensación de que se está al final del mundo. A orillas del Canal Señoret y frente a los Andes patagónicos que dejan entrever los ventisqueros del Campo de Hielo Sur, está Puerto Natales con cerca de 16 mil habitantes. Esta ciudad es el centro de la actividad ganadera del área y el punto de partida a la Cueva del Milodón, gigantesca formación rocosa donde, en 1896, se encontraron en notable estado de conservación los restos de un enorme animal prehistórico similar al perezoso, hoy reproducido en fibra de vidrio en el lugar. Acompañando este hallazgo, en otras cavernas del área se han encontrado vestigios de asentamientos humanos de más de 12 mil años de antigüedad. No menos impactante es el Estrecho de Magallanes, descubierto el 1º de noviembre de 1520 por Hernando de Magallanes, quien lo bautizó "Estrecho de Todos los Santos", y le permitió cruzar del Atlántico al Pacífico. Fueron las fogatas de los nativos selknam u onas las que despertaron su atención, llamando "Tierra del Fuego" a la región al sur del Estrecho. Hoy, cientos de fuegos iluminan las noches de la parte insular más austral de América, pero ya no son las fogatas de los onas, sino perforaciones petrolíferas que desde 1945 producen gas natural. En todo este gran territorio austral son las ciudades de Coyhaique - más al norte - y Punta Arenas- la más austral- desde donde se inician cientos de excursiones y aventuras. Entre las más destacadas están aquellas que recorren por vía marítima los fiordos y ensenadas, gozando del confort de los barcos especialmente adaptados para el turismo y que hacen todo el recorrido hasta Ushuaia y regresan navegando por el Estrecho. Durante la navegación, el pasajero disfruta de horas de tranquilidad admirando el paisaje en compañía de un grupo dispuesto a respetar el silencio y a compartir horas de diversión. Al detenerse en los puntos de mayor interés los que desean bajar a tierra recorrerán el área, conociendo los pequeños poblados guiados por sus propios habitantes que van mostrando orgullosos los encantos de su aldea. Una de las atracciones de estos cruceros por las costas de Tierra del Fuego es admirar las pingüineras. Entre ellas, isla Magdalena -al norte de Punta Arenas- es una colonia repleta de pingüinos y donde se ve a los padres enseñando a sus crías a vivir en las heladas aguas del confín del mundo. En la ribera norte del Estrecho de Magallanes, Punta Arenas se enorgullece de ser la ciudad más al sur del planeta. Desde su fundación en l848, aquí se desarrolló un intenso comercio de la lana de oveja, el cual dio origen a las grandes fortunas de los colonos instalados en enormes haciendas. En la ciudad todavía se puede admirar el esplendor de las mansiones de entonces, junto a excelentes hoteles, restaurantes, museos y centros de arte. Y para los aficionados al deporte blanco, Punta Arenas también cuenta con canchas de esquí donde se puede esquiar mirando las aguas del Estrecho de Magallanes, situación única y otra de las tantas atracciones de esta región situada, literalmente, al fin del mundo.
Todo es misterioso en la exótica Isla de Pascua o Rapa Nui, como la llaman sus habitantes: ¿De dónde venían sus primeros pobladores y qué los llevó hasta ella? ¿Cómo se levantaron los moias que pesan 50 toneladas y fueron transportados desde los cerros hasta la orilla del mar? ¿Cómo era realmente la leyenda del manu-tara? ¿Se podrá algún día descifrar el mensaje de las tablillas rongo rongo, una forma de lenguaje escrito y olvidado para siempre, y que contiene gran parte de la historia insular? Los nativos llaman a su isla Te Pito e Te Henua o "el ombligo de la Tierra", y visitarla es como recorrer una roca de lava y cenizas sobre la cual creció vegetación, dejando entre medio decenas de lagunas y los cráteres abiertos de sus tres volcanes. Como un punto en medio de la inmensidad del océano esta porción de tierra - la más aislada de cualquier otro sitio terrestre - fue descubierta en l722 por el navegante holandés Jacob Roggeveenen, justo en el día de Pascua de Resurrección. Ahora, al observarla desde el aire, impresiona su soledad y tamaño al ver que, sobre su forma triangular, la pista de aterrizaje cruza todo el extremo sur oeste de la isla. El aeropuerto se encuentra junto al pueblo de Hanga Roa donde vive la mayor parte de la población. Aquí, al compás de sones polinesios, la bienvenida es inolvidable para el viajero al recibir un collar de flores, mientras que al partir se le entregará otro de conchas, porque según la tradición ésa es la forma de hacerlo volver. Para sumergirse en el misterio de los moais, hay que comenzar por el volcán Rano Raraku, en la punta norte de la isla. En sus faldeos estaba la gran fábrica de estatuas de piedra, las cuales aún hoy se pueden ver en sus diversas etapas de formación: unas 80 a medio esculpir en el cerro, en cambio cerca de 200 ya casi terminadas. Existen varias teorías de cómo se transportaban a estos ídolos de 21 metros de altura para colocarlos sobre los ahu o altares. Idolos cuyos rostros a primera vista parecen muy semejantes, pero que después de mirarlos con detención se advierte que son los retratos de los grandes jefes de familia, instalados sobre esas plataformas ceremoniales para que continuaran protegiendo a su tribu. Durante las guerras locales muchos moais fueron derribados, en tanto a otros los arrastró el maremoto que azotó a la isla en l960. Sin embargo, aún quedan alrededor de 400 esparcidos por esta enigmática isla. Famosa fue la restauración realizada hace sólo unos años - respetando totalmente la tradición de la isla - que puso de pie a una fila de moais, colocándoles incluso el sombrero y pintando sus ojos como se sabe lo hacían antiguamente. En medio de su paisaje de palmeras y playas de aguas transparentes que dejan ver los arrecifes de coral, Rapa Nui conserva intacta la ciudad ceremonial de Orongo, construida con piedra de laja. Cada año se celebraba ahí el rito para elegir a la tribu que gobernaría la isla. En los primeros meses de la primavera, cada grupo enviaba una delegación para participar en la competencia que consistía en bajar una escarpada pendiente, nadar hasta el islote Mutu Nui, coger el primer huevo del pájaro manu-tara y regresar para entregarlo intacto a su jefe.
Fue el navegante sevillano Juan Fernández el primero en descubrirlas el 22 de noviembre de 1574. Las llamó Más a Tierra (hoy Robinson Crusoe), Más Afuera (Alejandro Selkirk), y el islote Santa Clara. Desembarcó allí con 60 indios y despiadadamente mató a los lobos marinos para extraerles el aceite. Sin embargo, y quizás castigado por el espíritu del mar, el buque en que embarcó el producto naufragó y Fernández perdió todos sus bienes. Más de un siglo después, fue un joven marinero quien centró la atención del mundo sobre este solitario archipiélago. Se llamaba Alejandro Selkirk y sólo tenía 24 años en 1704 cuando fue abandonado en la isla Más a Tierra donde durante cuatro años y cuatro meses sobrevivió solo, hasta que fue rescatado por un barco inglés. Tan increíble e insólita historia inspiró a Daniel Defoe para escribir "Robinson Crusoe", novela que ha dado la vuelta al mundo, entusiasmando a gentes de todas las edades y latitudes con la apasionante aventura y el ingenio de este joven marinero. Junto a la apasionante historia de las islas, la belleza de su exótica flora y su fauna son otros motivo que le agrega atractivo. Sobre los roqueríos cerca del muelle principal aún pueden verse algunos ejemplares de lobo marino de dos pelos, mamífero autóctono del archipiélago el cual, después de haber sido explotado irracionalmente en el siglo XIX, hoy es una especie protegida. De tanto en tanto, aparecen nadando por ahí delfines "nariz de botella", y cientos de aves pueblan la tupida selva de helechos y palmas, naranjillos y lumas, destacándose entre ellas el picaflor rojo, único en el mundo. Sin embargo, es la famosa langosta de Juan Fernández el crustáceo más valorado de todos y el sostén de la comunidad. Declarado por la UNESCO Reserva de la Biosfera en 1977, el archipiélago de Juan Fernández es, desde 1935, un Parque Nacional. Sus más de 600 habitantes viven en San Juan Bautista, un pequeño poblado que cuenta con un moderno muelle, hostería y residenciales, teléfono, correo, posta de primeros auxilios, carabineros, televisión, oficina de información turística e incluso una Casa de la Cultura. Servicios esenciales para quienes quieren disfrutar de un paraíso natural rodeado por un mar azul cobalto que invita al buceo y a la pesca deportiva en un mundo submarino de inigualable belleza. El Archipiélago de Chiloé se caracteriza por tener un mundo propio y lleno de magia cuyo acontecer histórico y cultural se desarrolla principalmente en las caletas situadas en el mar interior, frente al continente, más tranquilo y hospitalario que la costa del Pacífico. El hombre chilote recibió de los chonos su afición a la pesca y de los huilliches la tradición agrícola. Mar y tierra son la base de su sustento y las dos grandes fuerzas que organizan su forma de vida. La embarcación es para él su hogar viajero y desde niño aprende a habitar en ella. El reloj de las mareas regula sus días y ha influido en la construcción de su casa, edificada al borde del mar. Levantada sobre palafitos, cuando la marea está alta los botes casi llegan hasta su puerta, en cambio en la bajamar queda bajo ella un terreno al descubierto sembrado de navajuelas, cholgas, choritos y machas que las mujeres y los niños se apuran en recoger. Son parte de su dieta diaria y parte también de esa gastronomía tan propia de Chiloé que se vuelca en sopas, pailas marinas, pulmai y sobre todo en el curanto, un cocimiento de mariscos, pescados, carnes, papa y vegetales que se prepara con piedras calientes en un hoyo cavado en la tierra. Junto a la arquitectura de palafitos y a casas cuyos muros se cubren de tejuelas de madera para protegerlas de la lluvia, Chiloé presenta una arquitectura religiosa que se expresa en un centenar de hermosas iglesias enteramente de madera, repartidas por todos los rincones de las islas. Sus torres son faro para los navegantes y aunque algunas fueron construidas hace ya más de tres siglos, aún sobreviven sus pórticos, retablos policromados y cielos pintados con estrellas. La ciudad de Castro - en el centro de la Isla Grande y capital provincial - es la más antigua (1567) y el lugar ideal para iniciar el recorrido que debe incluir Chonchi, Dalcahue, Achao, Mechuque, Cucao y Ancud. Pueblos bellos, antiguos y amistosos donde no faltan la iglesia ni el mercado, ni el lugar preciso donde comer. Tampoco la casa de puertas abiertas donde la cocina a leña está siempre encendida y en torno a ella se cuentan historias mientras del techo cuelgan roscas de manzanas y collares de choritos y piures o trozos de carne que el humo se encarga de ahumar. Junto al fogón se reviven los mitos que han hecho famoso a Chiloé. Se habla de seres extraños escondidos en los bosques, de brujos que vuelan, de barcos fantasmas y maleficios. Se dice que esa noche hubo arco iris de luna llena o se organiza una minga: trabajo colectivo en que la comunidad participa, por ejemplo, en tirar una casa ayudados por una yunta de bueyes, llegando incluso a cruzarla por el mar de una isla a otra. Las mujeres de estas islas cultivan la tierra y tejen en lana de oveja natural, mientras los hombres van "a la mar" o trabajan en las salmoneras que últimamente han convertido a Chile en el segundo productor mundial de salmón. Para los jóvenes, Chiloé es el archipiélago ideal para recorrerlo mochila al hombro y todo aquel que llegue a la Isla Grande tendrá a su disposición paseos en bicicleta y a caballo; como así también embarcaciones para visitar las islas más lejanas. La principal característica de Chiloé es ser un lugar donde hay mucho que aprender y escuchar sin la prisa de la gran ciudad. Un conjunto de islas donde hay tiempo para esperar la cocción del curanto, para beber chicha de manzana y Licor de Oro, recordando a los personajes mitológicos (el Trauco, la Pincoya, el Invunche, la Fiura, el Caleuche) que se esconden en una naturaleza verde, de lomas y bosques, de mar y lluvia que son parte sustancial de este fascinante archipiélago. Con su forma de dedo señalando hacia el norte donde está el famoso Cabo de Hornos - el paso más temido por los barcos que surcan estos mares - la Península Antártica alberga a bases científicas de nueve países que estudian los grandes recursos biológicos y minerales de esta basta zona cubierta de hielo. Algunos de los centros de investigación situados en las bases chilenas Presidente Frei e isla Rey Jorge también se pueden visitar. Las características
únicas del lugar convierten al territorio habitado del Polo Sur
en un destino de especial atracción para quienes ya han recorrido
casi todo el planeta. Sólo aquí el viajero más experimentado
o aquel con alma de explorador tendrán el privilegio de sentir
en su propia piel lo que se ha escrito como el lugar más frío,
seco y ventoso sobre la Tierra. Basta recordar los 88,3ºC bajo cero
que se registraron en 1960 en la base Vostok: la temperatura más
baja registrada hasta hoy en el mundo. El paso de las ballenas entre los hielos eternos y el acompasado sonido de los chorros de agua que lanzan al aire, hará que este paisaje albo y solitario se quede para siempre en la memoria del visitante.
|
RIPIO TURISMO - Incoming
Tour Operator Argentina & Chile- Leg. 10.687 Secretaría de Turismo
de la Nación Argentina.
info@ripioturismo.com.ar
Ripio Turismo Website: www.ripioturismo.com.ar
Argentina-Guide.com.ar is a website of Ripio Turismo EVT - www.argentina-guide.com.ar
Desing & Realization: Nuevas Ideas© Consultora Turística -
1999-2004